Publicado el: 10 Nov 2016

Trump: fin del show

Por Adrián GAYO

adriangayoLas últimas elecciones americanas han entrado en la vida cotidiana de los españoles hasta tal punto que ayer la frase del día en cualquier ámbito era: «¡Y al final ganó Trump!». Durante semanas hemos llegado a saber –de la mano de las grandes empresas de comunicación-, desde los gustos musicales a los gastronómicos de los dos candidatos. Pero poco nos han explicado, por ejemplo, del funcionamiento de un arcaico sistema electoral con una bajísima participación: inscripción previa, votación en día laboral, etc. Tampoco ha transcendido mucho que ha sido el partido o la candidata Demócrata (Clinton) quien ha ganado -en votos- las elecciones. Lo único que puede justificar la amplia cobertura mediática, mayor incluso que si se tratara de unas elecciones nacionales, apuntaba a una importante novedad: concurría un candidato antisistema. Los perdedores de la globalización -o como mencionó Trump en su discurso-: «los olvidados»; los invisibles, la gente más humilde fue precisamente el motor de reacción que provocó su victoria final. Junto a él, sólo competía una burócrata que llevaba décadas acomodada en distintos puestos del gobierno y que sólo vaticinaba “continuidad”. Hoy parece que tras la victoria de Trump el Tratado de Libre Comercio con Europa (TTIP) y la actual globalización “parecen” estar en cuestión, en un limbo; junto al Brexit y el auge de los partidos ultraconservadores europeos -como en Francia- parecen vislumbrar la quiebra de la etapa actual del capitalismo-liberal global.

“En tan sólo un día  ha pasado de ser un charlatán maleducado a mostrarse cortés, prudente y serio”

 

También podría respirarse mayor esperanza en los territorios desde donde los “refugiados de la guerra” llegan a Europa (en países de Oriente Medio), si cesan las intervenciones imperialistas y la distribución de material bélico, como prometió en su programa electoral. Aunque ya en su primera reunión siembra dudas: “la nueva esperanza de muchos americanos” fija su primera reunión oficial con el belicista presidente del régimen sionista de Israel (el ultraconservador Netanyahu). La burocracia americana, el influyente papel de los lobbies empresariales, los tecnócratas del Partido Republicano y su propio gabinete de Ministros (se apunta a que estará compuesto por directivos de los principales bancos y empresas) le envenene y no siga siendo más que el showman que ya es; ahora con un perfil más recatado y prudente, donde todo quede en “nada nuevo bajo el sol”, como ya nos mostró el idolatrado Obama. En tan sólo un día -de candidato a Presidente- ha pasado de ser un charlatán maleducado a mostrarse cortés, prudente y serio; como hemos visto en su primer discurso. La burocracia y los lobbies irán dándole forma y nutriéndole del maná que lo alimente durante esta travesía, sin que ni él mismo se dé cuenta que no es más que un títere al servicio de otros manejeros. Los lobbies americanos continuarán dirigiendo la Casa Blanca mientras los trabajadores americanos, que ahora votaron a Trump, supurarán nuevamente la necesidad de cambios tras otro timo electoral. No nos sorprendamos si de aquí a unos años reaparecen los espontáneos en otro movimiento Occupy Wall Street.




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