Publicado el: 07 Jul 2017

Asepsia

Por Juan Carlos AVILÉS

[Total, pa ná]

Estamos rodeados de amenazas. Lo que de hace cincuenta años para atrás formaba parte de la vida cotidiana sin aspavientos de ningún tipo, hoy se ha convertido en un ataque permanente a nuestra integridad y lo que no mata, daña; o, lo que es peor, engorda. Adiós a nuestras defensas naturales. Somos un delicado corazoncito envuelto en una burbuja a punto de estallar como una pompa de jabón. No fumes, no bebas, no tomes leche; ojo al marisco, a las vacas locas, al anisakis, al gluten, al azúcar, a los frutos secos, al sol, al aire, a la hierba… Nuestro sistema inmunológico está hecho trizas y de repente el mundo se ha plagado de vegetarianos, de veganos y de lectores voraces de prospectos y de composiciones de alimentos, no vaya a ser que alguna célula se salga de la fila y se arme la de dios es cristo.
Vivimos, de milagro, en el siglo de la asepsia. Y no sólo fisiológica, sino cerebral. La prevención a cualquier tipo de reacción adversa, de conato revolucionario, de disidencia orgánica llega hasta las fábricas, a los despachos, a las instituciones, a los móviles e incluso al parlamento. No pienses, pequeño, que ya lo hago yo por ti. No te molestes en dar vueltas a la cabeza como un poseído que aquí estamos los guardianes de tu estabilidad emocional, de tu merecido bienestar, de tu felicidad incuestionable. Tus deseos son nuestra salvaguarda, y somos expertos en creártelos y en satisfacerlos. Cuanto más desees, más te atamos; cuanto más poseas, más te atas, y vuelta a empezar. A cambio de tu dicha, sólo te pedimos una cosa: tu pasión, que a lo más que te puede llevar es a un ictus prematuro. Y si aún te queda, apúntate a un gimnasio, o al Spotify, o hazte socio de un club de fútbol y desahógate, chaval, que hay mucho que hacer y no tenemos todo el día.
Uff! Treinta y seis grados, que ye mucho para Asturies. Luego le da a uno por pensar estas barbaridades.

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