Publicado el: 25 Ago 2017

Un ataúd para Occidente

[Reflexiones desde territorio pésicu]
Por Leopoldo ALONSO CID

Aunque sé que no se deben intentar analizar en caliente los actos de barbarie como los sucedidos en Cataluña que llevan 20 muertos y un reguero inmenso de heridos, varios de ellos muy graves o críticos, no me puedo sustraer a reaccionar primero contra la brutalidad sin nombre ni posibilidad de explicación cometida por unos fanáticos descerebrados, y después frente al rosario de reacciones xenófobas, fascistas, simplistas y venenosas por el odio que destilan.

Lo primero, cada vez que se produce un atentado islamista salen las voces “ilustradas” a decir que esto es una guerra. No, no es ninguna guerra, eso es lo que pretenden los terroristas y cada vez que lo repetimos le damos un poco de oxígeno a esas acciones. Es terrorismo simple y llanamente. Anda que no nos llenamos de circunloquios para no decir terrorismo de ETA. Esto es terrorismo sin apellidos ennoblecedores, cuyo fin es enterrar el modo de vida y de relacionarnos los países europeos o por lo menos occidentales.

Y el ataúd que quieren utilizar para enterrar nuestro modo de vida se lo facilitamos nosotros. Llegó a Europa cabotando nuestro Mediterráneo, antiguo nexo de unión de los pueblos rivereños y hoy frontera donde se estrellan las libertades y donde agoniza nuestra escala de valores; pero el ataúd no vino vacío, trajo miles de Inrám sin nombre y los que quieren acabar con nuestra civilización decidieron usarlo y meter en él nuestras libertades, nuestra solidaridad, nuestros derechos del hombre y del niño, en fin, todo lo que nos diferencia y por y contra lo que luchamos desde Grecia y Roma hasta hoy.

Falta clavar la tapa, y nosotros empecinados vamos poniéndolos uno a uno sin darnos cuenta. Cada expresión de islamofobia, xenofobia o cualquier eufemismo para decir odio al diferente, al que profesa otra religión o tiene otra escala de valores, es un clavo en la tapa. Cada bolardo que afea y dificulta nuestra vida y es el antídoto contra el miedo, no contra el atentado, es otro clavo. Cada metro que subamos o ampliemos nuestra red de vallas que nos cierran sobre nosotros mismos es otro clavo. Cada embarcación que se traga el Mediterráneo es otro clavo. Cada suspiro de alivio cuando el telediario nos informa de un atentado con tropecientos muertos, ufff, en Irak, Siria, Pakistán o el cuerno de África es otro clavo. Cada vez que un político del inmaculado occidente dicta más leyes represivas, mira para otro lado ante los Tarajales del mundo,  disculpa la violencia “buena”, cada vez que se exhibe una cruz gamada o gana un escaño un partido xenófobo, no nos engañemos, es otro clavo en esa tapa a la que la van faltando cada vez menos.

Hay miles de clavos y los clavos maestros, los que manufacturaron el ataúd fueron colocados en Las Azores, en Afganistán, en las milicias armadas por nuestros dirigentes para que maten lejos pero bien, y cada vez que cerramos un acuerdo de venta de armas con los países que quieren cerrar el ataúd.

Deberes para este final de verano. Cuando nos crucemos con alguien de otro país, raza, religión y/o cultura, veámoslo como un ciudadano. Quitemos adjetivos, gentilicios y religiones. Parece sencillo pero necesita mucha práctica y ahora en vacaciones, hay tiempo.

Lectura-vacuna para mejor entender el nacionalismo recomendada para este trimestre “Sangre y pertenecía: Viajes al nuevo nacionalismo” de Michael Ignatieff. Escritor y ex líder del Partido Liberal Canadiense. Edt. El hombre del tres. Lo hay en versión papel y ebook en casadellibro.com

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