Publicado el: 06 Ene 2018

“Excelente” cosecha de kiwi en Bajo Nalón, que va a por la IGP

La calidad ha mejorado año a año, y ya es la mejor de España”, afirman los productores de la zona

Kiwis en la comarca

Rafael Balbuena / Pravia / Soto del Barco

El cultivo del kiwi en la comarca del Bajo Nalón, cuya campaña de recogida acabó con el año, encara el 2018 “con optimismo, porque la cosecha resultó exitosa de un modo casi inesperado”, según señala Juan García, gerente de Kiwinatur. La empresa, radicada en Pravia y con 35 hectáreas de cultivo en las vegas de Forcinas y Santianes, cosechó unas 3.000 toneladas de kiwi, cuyo fin para el nuevo ejercicio está “en destinar un 80 % al consumo nacional y el 20 % restante a la exportación”.
Son buenas perspectivas para esta fruta, presente desde hace 30 años en el curso bajo del Nalón y que se ha convertido en un emblema de la industria agrícola comarcal. Su renombre ha trascendido más allá de Asturias y ha alcanzado “la categoría de mejor kiwi de España“, según coinciden en valorar los responsables de Kiwinatur y Kiwis La Isla, las dos mayores empresas dedicadas a este cultivo en el Bajo Nalón. Las razones de este éxito, según Alejandro Lechado, director general de Kiwinatur, están en el propio entorno natural: “el suelo es fértil, hay un microclima con las temperaturas ambientales adecuadas, la orografía hace que el río baje con mucho caudal y con limos, y hay la humedad y la insolación idóneas para que el kiwi se desarrolle de modo óptimo”.
Cerrada la campaña, ahora se trata “de seguir consolidando el kiwi asturiano” y beneficiarse “de que las cosechas de Grecia e Italia, que son nuestro competidor directo en Europa, no han sido tan buenas como la nuestra”, constata Juan García. Y es que aunque el kiwi original sea un cultivo procedente de Oceanía, donde está la vanguardia de su desarrollo, “el de allí no es competencia directa nuestra, por motivos de estacionalidad”. La diferencia entre hemisferios juega a favor de uno y otro producto: en Australia y Nueva Zelanda están ahora en pleno verano austral, cuando la planta está madurando, de modo que su cosecha tendrá lugar “en unos cinco o seis meses, que es el tiempo en que nosotros distribuimos y comercializamos lo que acabamos de recolectar en esta campaña”, aclara el gerente.
Juan Cima, responsable de Kiwis La Isla, ubicada en la isla de Arcubín, en Soto del Barco, tiene expectativas parecidas para este ejercicio: “La perspectiva para 2018 es buena, pero más que por la cosecha en sí, por el mercado europeo: en Italia este año hubo un 30-40% menos de fruta y eso repercute en el precio de mercado”. La empresa de Soto ha explotado este año un total de 23 hectáreas de terreno, y su responsable sostiene que “si hacemos bien las cosas se va a rentabilizar el producto: cuando Italia, que es el referente en Europa, ha bajado su producción, la demanda de kiwi en el continente tiene que beneficiarnos”.
Los primeros cultivos en la comarca se emprendieron a mediados de los años 80, y a finales de la década, cuando comenzó a ser un producto habitual en los supermercados de España, se empezó también a hablar del kiwi del Nalón. Hoy, el futuro parece halagüeño, aunque Juan García matiza que “este buen resultado hay que asumirlo con prudencia”, ya que una cosecha de éxito “no garantiza que las siguientes también lo sean”.
Con todo, “tenemos un producto de primera, que además mejora en calidad año tras año”, insiste Alejandro Lechado. “Debemos estar orgullosos de que un producto tan sano y tan sabroso sea ya una referencia a nivel nacional y europeo”. Al margen de emprender otros cultivos, empresas como Kiwinatur no descartan en un futuro “promover una IGP -Indicación Geográfica Protegida- para que las administraciones tengan presente lo que los profesionales de toda España ya saben”, explica Lechado. Y aunque “todavía es demasiado pronto” para plantear una Denominación de Origen, no parece un horizonte descabellado.

 

 

El mayor riesgo: las crecidas del Nalón 

R. B. / Soto del Barco / Pravia
Kiwinatur echa en falta “un poco más de compromiso por parte de las administraciones” a la hora de facilitar la labor desarrollada en la comarca. “Se trataría de algo tan simple como cuidar, mejorar y hacer un mantenimiento regular de los accesos a las fincas donde están los cultivos”, concreta Juan García, quien considera que “no es muy lógico que los camiones y vehículos de los operarios tengan que vérselas constantemente con maleza y con baches enormes en caminos de uso público”. Alejandro Lechado va más allá al referirse a esta petición de compromiso, aclarando que “no se trata de subvenciones, que si vienen, bienvenidas sean, sino de facilitarnos una tarea que tiene toda su razón de ser en este concejo, en este suelo”. Y es que “el cultivo se hace aquí, pero a diferencia de otra clase de industria, que por supuesto también enriquece a la comarca, nosotros no dependemos de factores externos: estamos aquí porque todo nuestro producto sale de aquí”, recalca.
Argumentos similares se esgrimen desde La Isla, donde las crecidas del Nalón hicieron peligrar en más de una ocasión las cosechas. Juan Cima señala a este respecto que hace años, para poder construir una escollera en Argudín que contuviese las riadas, se toparon con el clásico pasabola de organismos competentes, materializado en “la descoordinación entre la Demarcación de Costas y la Confederación Hidrográfica para darnos los permisos de obra. Una obra que, por otra parte, pagamos nosotros íntegramente”, indica. El último temporal no parece haber afectado demasiado a la nueva cosecha a pesar de la espectacularidad de estas inundaciones.

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