Publicado el: 05 Ene 2019

El bazar de los sueños

La juguetería de Díaz era la delicia de los niños cuando se acercaba Reyes

[Comercios centenarios de Pravia]

Por Lucía MARTÍNEZ/ Pravia al Dedillo

Ya huele a Navidad, las guirnaldas, bolas, ángeles, estrellas, espumillón… decoran los escaparates; las casas lucen el portal de Belén y el árbol navideño, donde sus majestad los Reyes Magos de Oriente se encargarán de depositar sus regalos.
Y pensando en nuestros queridos Melchor, Gaspar y Baltasar, mi cabeza me transporta a mi niñez y a aquella maravillosa exposición de juguetes del emblemático Bazar Díaz. No era una simple juguetería, era el mundo de sueños de los más pequeños. No existían videoconsolas, móviles, drones, ni patinetes eléctricos, pero disfrutábamos con la Nancy, el Nenuco, los Barriguitas, con las luces del camión de bomberos y el coche de policía, los fuertes de vaqueros, los madelman, los maravillosos Juegos Reunidos y cientos de juguetes más. Y con ellos, Enrique y Purita, Curta ( Q.P.D.) Tere, Fe y Belén, que con una santa paciencia abrían aquella puerta de madera que daba a un pequeño patio y de él, a nuestro mundo, al mundo de la ilusión, de los juguetes y los sueños.

La puerta de madera
La puerta de madera no la cruzábamos ni una vez, ni dos, ni tres… era un no parar, siempre veíamos algo nuevo y decíamos la clásica frase:“ me lo pido, me lo pido..” y volvíamos a cambiar la carta para sus Majestades que guardaban como buen tesoro, para hacérselas llegar; y bien lo hacían, porque aquellos deseos en mayor o menor medida, se cumplían.
Recordando todo esto quiero volver a esa calle, quiero regresar a pegar mi nariz en aquel escaparate y rememorar esa ilusión, esa magia, esos sueños.

Los tiempos cambian
Pero los tiempos cambian y me encuentro que ahora, aquella maravillosa exposición es hoy en día, una cafetería, de nombre Galmea, con un amplia variedad de dulces, lo que me lleva a pensar que el local sigue endulzando la vida de la gente.
Me paro y me siento en un bar-chigre, de nombre Casa Vila y cuál es mi sorpresa al ver a Fe y ver que el bazar sigue funcionando, que no venderán videoconsolas, ni móviles pero que los juegos de toda la vida siguen estando presentes y no puedo más que sonreír para mis adentros y reafirmarme en el sentimiento de que los Díaz siguen formando parte de la vida de los pravianos.
Y aquí estoy en Casa Vila y aunque nadie me vea, disfruto de unos maravillosos tortos de queso de cabra con cecina y otros de picadillo.
¿Se puede pedir más? buenos recuerdos y buen presente.
Gracias a la familia Díaz por haber hecho y hacer feliz a tantos pequeños pravianos.

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