Publicado el: 11 Mar 2018

[Entrevista] Nacho Vilas: “La educación no puede ser moneda de cambio para los políticos”

“Un alumno es el motivo por el que voy a trabajar todos los días; alguien a quien tengo la tarea de ayudar en su formación como persona”

“El estudiante podrá sacar mejores o peores notas, ser aplicado o perezoso… Pero como persona nunca te va a fallar si te has esforzado en sacarlo adelante”

Ignacio Fernández Vilas

Lucía Martínez (Pravia al Dedillo)/Pravia

Ignacio Fernández Vilas, Nacho Vilas, es profesor de inglés del Colegio San Luis y lleva más de dos décadas dedicado a la docencia. Una labor que le ha servido para formar centenares de alumnos que, dice, con el paso del tiempo se han convertido en amigos.

-¿Cuántos años lleva dedicándose a la docencia?
-En la enseñanza reglada llevo 22 años, pero antes ya había pasado unos años dando clases particulares y en
academias (que también es docencia). En Pravia, desde el año 96; los primeros años compartiendo mi trabajo en
el San Luis y el Santo Ángel simultáneamente, y después sólo en el San Luis. En el futuro… ya se verá.
-¿Para usted la enseñanza es más una profesión o vocación?
-He tenido la suerte de que mi vocación desde que era pequeño, se convirtió en mi profesión. Soy un afortunado
en eso, porque no muchos pueden decir lo mismo.
-¿Cree que alguien se puede dedicar a la enseñanza sin tener vocación?
-Se puede, no hay nada que lo impida. Pero un profesor sin vocación está condenado a pasarlo mal. Los alumnos
son muy listos, y detectan al instante qué profesor vive su profesión con pasión y cuál no.
-Durante todos estos años de profesión, la enseñanza cambió mucho. ¿Cree que para mejor o para peor?
-En mi opinión, para peor. Las leyes educativas en este país van a la deriva dependiendo del partido de turno en el
gobierno, yo ya he pasado por unas cuantas. Creo que ninguna mejora la anterior, y que esta situación a quien
perjudica más, es al más débil, el alumno. La educación no puede ser moneda de cambio para los políticos, con
ella nos jugamos mucho. Para empezar, el futuro de este país.
-Durante mucho años además de profesor, llevó la dirección del centro. ¿Cómo pudo compartir ambas cosas?
-Cualquier cargo directivo te da trabajo y responsabilidades, y te quita tiempo, desde luego. En los centros
concertados, los directores no tienen reducción horaria por el hecho de serlo: das tus clases y te ocupas del resto
de los asuntos en horario no lectivo, en perjuicio de tu familia. Al menos así lo hice yo en los once años que ocupé
ese cargo.
-Son muchos los alumnos que pasaron por su aula. Cuándo después de los años, esos alumnos le ven y le dan las gracias, tiene que ser un orgullo.
-Desde luego, es un orgullo y también la mejor recompensa a la labor de cualquier docente. Tratas de aportar lo
que buenamente puedes a la educación de tus alumnos, y cuando te lo reconocen, eso hace que todo tu esfuerzo
haya merecido la pena. Muchos de mis amigos hoy, de hecho, son antiguos alumnos.
-¿Qué es para usted un alumno?
-Un alumno es el motivo por el que voy a trabajar todos los días; alguien a quien tengo la tarea de ayudar en su
formación como persona, proporcionándole todas las herramientas necesarias para que se pueda enfrentar al
mundo que le espera cuando termine su etapa en el colegio. Por supuesto, algunos te lo ponen más fácil que
otros; pero con eso ya contamos.
-Para finalizar ya, agradecerle que me haya concedido la entrevista, pero no puedo acabar sin hacerle
otra pregunta: ¿en su profesión tuvo más alegrías que penas?
-Ha habido de todo. Pesan más las satisfacciones, casi siempre por parte de mis alumnos; aunque decepciones
también hubo, sin duda. Me quedo con lo primero: un alumno podrá sacar mejores o peores notas, ser aplicado o
perezoso… Pero como persona nunca te va a fallar si te has esforzado en sacarlo adelante.

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