Publicado el: 31 May 2018

“El miedo me salvó la vida”

Juan Menéndez Granados ‘Juan sin Miedo’, una vida de riesgo y superación por todo el mundo

 

L. S. N. / Pravia

Juan sin Miedo sí tiene miedo, pero lo vence a base de entrenamiento, planificación y prudencia. Así ha conseguido Juan Menéndez Granados (Pravia, 1982) atravesar las terribles llanuras antárticas cruzadas por grietas; así escanció un culín de sidra en el Polo Sur; así ha pedaleado en solitario por todos los continentes, y así ha culminado su última aventura: recorrer los desiertos de Estados Unidos, tras llegar a la ciudad más austral del mundo cruzando la Patagonia.
“Soy de Pravia, estudié aquí, en el colegio Santa Eulalia y en el instituto Rey Silo. Con la bicicleta empecé poco a poco, haciendo rutas alrededor de la villa. Cuando tenía 16 años hice el Camino de Santiago, y ahí empecé a buscar otros desafíos: lo repetí un par de veces, luego Pirineos, el Alto Atlas, Escocia… Llevo ya 15 años”. La expedición que le encumbró como deportista de élite en expediciones en solitario en bicicleta fue la del Polo Sur. “Estuve dos años preparándola, no se había hecho antes”. Venció allí donde la famosa expedición de Scott de dejó la vida: “Les falló todo, mientras que Amundsen, mucho menos preparado, sí consiguió llegar. Por eso es tan importante la planificación”. Él tenía además preparado un golpe maestro: tirar un culín de sidra en el Polo Sur. “Fue todo real: hice 1.200 kilómetros en bici hasta el Polo Sur. La sidra era de verdad, y aunque casi siempre me hago a mí mismo las fotos, con un disparador automático, en esa ocasión fue un científico de la base el que me la hizo”. La sidra la mandó en avión antes, “llevarla en la bici, imposible”.
Recién llegado del desierto, con nada menos que 6.450 kilómetros en sus piernas, Juan sin Miedo lo prepara todo para la ‘cara b’ de su vida: su trabajo de medio año (cinco meses) en Noruega, en un mercado de pescado. “Una vez fui a Cabo Norte, en Escandinavia, y me quedé sin recursos para volver. Busqué trabajo y lo encontré en este mercado; allí conocí a los mejores expedicionarios, con los que aprendí, por ejemplo, a preparar la expedición a la Antártida”. En Noruega trabaja “lo que una persona normal trabaja durante todo el año” para vivir y conseguir recursos para financiar su siguiente aventura, ya que no tiene patrocinadores y se financia todas sus expediciones.
Aún no sabe cuál será su próximo reto, ya que acaba de culminar el desafío por tierras americanas. “La Patagonia, donde hice 2.700 kilómetros, me la tomé como un entrenamiento para enfrentar lo más difícil, los desiertos americanos: el Valle de la Muerte, el desierto de Mojave, el Gran Cañón, por itinerarios recónditos. Pronto publicaré toda la ruta, para que la puedan ver mis seguidores”. Y es que salvo el salto en avión para pasar del cono sur a Estados Unidos, todo lo hizo solo y en bici, cargando con los enseres necesarios para sobrevivir, entre 40 y 60 kilos, según los tramos, ya que atravesó desiertos “donde en 200 kilómetros no tenía un punto de agua”. La Patagonia fue más fácil, “había más pueblos habitados, era más fácil orientarse, había más agua: pequeños factores que sobre el terreno marcan una enorme diferencia”. Ser capaz de calcular al milímetro y afrontar las dificultades es clave, y ahí es donde entra el miedo: “Gracias al miedo estamos hablando ahora, me salvó la vida: te obliga a pensar y planificar, a ser prudente. Y a veces si me encontraba mal, deshidratado, o sin saber si el cañón tenía salida… La gente me llama Juan sin Miedo, pero si no tienes miedo es cuando tienes problemas. Tienes que ser prudente, tomar las mejores decisiones, estar entrenado. Amo mi vida, hago estas cosas para sentirme más vivo, no para ir a morirme a un desierto”.
Tuvo encuentros con animales, como los coyotes, “pero no hacen nada, los animales no quieren problemas”. También serpientes, y en los desiertos de Estados Unidos se cruzó en alguna ocasión con hombres armados que estaban disparando, haciendo prácticas de tiro, “allí las armas se venden como en el Carrefour”.
Pedaleó a bajas temperaturas, -10 grados en Colorado, a altitudes de 3.000 metros, y a 32 grados a la sombra. Ha visto cosas que la mayor parte de los mortales sólo soñamos. “Ahora, a recuperarme, superar el verano y a por otra”.

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