Publicado el: 16 May 2020

Aquí mando yo

Por Fernando ROMERO

Debe ser verdad eso de la erótica del poder. Lo que tienen las situaciones de crisis, como la que atravesamos con la actual pandemia, es que sacan lo mejor y lo peor de las instituciones y de las personas. Sin duda, lo peor de las personas es la actitud policial, de vigilar y delatar a tu vecino o la de aprovecharte de la situación para sacar beneficio individual, exponiendo por tu egoismo a toda la colectividad. Lo mejor, la ayuda desinteresada y espontánea hacia los más débiles de la comunidad, la creación de redes de apoyo mutuo, la adaptación a una vida más austera, colocando las necesidades reales en su sitio, fuera de las categorías impuestas por el marketing y el mercado.
De las instituciones solo salvo a las pequeñitas, a los ayuntamientos, precisamente por su carácter cercano a los vecinos y su gestión directa. Otra cosa es el Gobierno. Esta crisis ha demostrado que la actual democracia representativa es un elefante en una cacharrería, una cosa del siglo XIX, pesada, centralista, lenta, burocrática, cara y, finalmente ineficaz e inútil.
No se pueden tomar decisiones sobre a quien multar o a quien dejar salir a la calle desde los despachos ministeriales. Cuando más lejos de la realidad que quieres normativizar, más ineficacia y menos beneficio para el vecino. Son innumerables las rectificaciones en toda esta crisis precisamente por eso, por desconocer las realidades locales. Por poner un ejemplo del que he sido testigo: no se puede mandar a la Guardia Civil a multar a un paisano que vive en una casa aislada y que está quemando sus rastrojos y, sin embargo, no ejercer ningún control sobre muchos grandes supermercados en donde los clientes se amontonan delante de la caja o esperando turno en la pescadería. Y todo por esa erótica del poder de la que hablaba al principio y del subidón del “aquí mando yo” que favorece todo estado de excepción.

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