Publicado el: 15 Sep 2017

Fapas achaca los daños al ganado al aumento de “lobos solitarios”

Un estudio concluye que en la montaña asturiana la especie está “en situación crítica familiar”, lo que facilita que bajen a territorios más bajos y busquen presas fáciles, como ganado doméstico

La organización conservacionista responsabiliza del deterioro a “la gestión caótica” del Gobierno regional

Redacción/Pravia

Lobos solitarios o en grupos pequeños, que dependen para sobrevivir de encontrar presas fáciles, como el ganado doméstico. Este es el retrato que hace el Fondo de Protección de la Naturaleza Salvaje (FAPAS) de la situación de la población de lobo ibérico en las zonas de alta montaña de Somiedo y Teverga, tras la realización de un estudio de determinación de la presencia de lobo por “conteo fotográfico”. Según las conclusiones del informe, los lobos se encuentran en estas zonas “en situación crítica familiar”, lo que facilita que busquen presas fáciles, aumentando los daños al ganado doméstico. Una situación de la que responsabilizan al Gobierno regional, por lo que consideran “una gestión caótica” desplagada durante los últimos seis años.

“Durante 2016, y entre los meses de mayo a diciembre, Fapas llevó a cabo un estudio de  determinación de presencia de lobo por impactos fotográfico en el área central de Asturias, en zonas de  montaña  ubicadas entre los 1.500 y 500 metros de altitud en los concejos de Teverga y Somiedo,  determinando cuántos lobos pasan  en un momento  y de manera conjunta por delante de una cámara fotográfica instalada en zonas de hábitat de lobo con presencia permanente durante todo el año. En total se instalaron 10 estaciones de trampeo fotográfico distribuidas sobre una superficie de 20.000 hectáreas”, señala la organización. Según otros estudios, en la Cordillera Cantábrica la media es de cuatro a seis lobos por familia, mientras que la media obtenida en el conteo fotográfico de Fapas es de 1,321 ejemplares, es decir, abundan los lobos solitarios o los grupos familiares reducidos.

En concreto, el estudio registró a 56 lobos o grupos de lobos. En 45 casos, las cámaras registraron un solo lobo al paso. Hubo 5 impactos con dos lobos al paso, cuatro con tres y solo uno con cuatro lobos.

“A menor  número de ejemplares del grupo familiar de lobo, la modificación del comportamiento de caza  se orienta hacia la captura de presas fáciles, incremento de ataques a ganado doméstico.A  mayor número de ejemplares del grupo familiar de lobo, mayor  capacidad de captura de presas silvestres, menor presión sobre ganado doméstico”, señala el estudio. “Aunque este es un dato que no puede ser extrapolado al conjunto de la Cordillera Cantábrica,  incluso en el  propio territorio donde se ha desarrollado el estudio puede de manera puntual producirse la presencia de un grupo de lobos más numeroso procedente de Castilla, es en todo caso un indicador muy expresivo de la  situación que existe en territorios de montaña de manera constante, en relación con  la estructura familiar del lobo, especie que depende de esa estructura para  sobrevivir. La gestión caótica que se ha llevado con la población del lobo en Asturias durante los últimos seis años,  es  sin duda,  la responsable de la situación actual, derivada de una pérdida muy importante de la estructura familiar del lobo que impacta sobre territorios más bajos y cercanos a la costa”, añaden.

A juicio de Fapas, “la falta de estructura social de los lobos en áreas de alta montaña ha obligado a la población lobuna a estructurarse sobre mínimos poblacionales, es decir, presencia de ejemplares  solitarios, o como mucho en grupo de dos con hembras desperdigadas sobre territorios donde buscan sobrevivir matando exclusivamente ganado doméstico y aisladas que paren en  zonas  frondosas, muy abundantes  en especial en la zona costera de la región”.

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