Publicado el: 10 Oct 2017

La importancia de la memoria

Por David ÁLVAREZ

Alcalde de Pravia

Pravia acogió días atrás los actos centrales de Asturias con motivo del Día Mundial del Alzheimer. Charlas, proyecciones y experiencias contadas en primera persona para mostrar a la sociedad la realidad de esta enfermedad que afecta a un sector creciente de nuestra población. Resulta tremendamente llamativo como por diferentes motivos, las personas podemos perder la memoria, enterrando nuestras vivencias de manera totalmente involuntaria y dejando de percibir sensaciones que siempre nos llenaron de satisfacción.
Desde el Ayuntamiento de Pravia decidimos participar de manera activa en la organización de este Día Mundial del Alzheimer ya que entendemos que más allá del día a día de los enfermos, resulta conveniente enseñar a nuestros vecinos a valorar lo que tenemos.
Al igual que las personas, las sociedades también deben luchar por conservar las realidades vividas y darlas a conocer, sin escandalizarse ni señalar a aquellas personas que así lo desean, más bien dando apoyo y poniendo en valor su esfuerzo. Hablo en este caso de la memoria histórica, ya que si bien no pretendo adoctrinar a nadie a este respecto, tampoco creo en el silencio como solución a ningún problema. El silencio es sinónimo de tranquilidad, pero también lo es de soledad, de miedo y de sumisión.
Cuando en octubre del pasado año, concretamente el día de El Pilar, “Ángel el de Escoreo” me comentó su caso y me pidió ayuda sentí la imperante necesidad de colaborar en cerrar su herida, y tras contactar con diversas personas vinculadas a la Memoria Histórica (ARMH, Fundación José Barreiro, Asociación 13 Rosas, Luismi Cuervo, David Fernández…), conseguimos sacar a la luz la ilusión de Ángel, que llevaba casi 80 años enterrada. El pasado mes de mayo tuve la oportunidad de vivir en primera persona, junto a los miembros de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, unas intensas jornadas en la fosa conocida como La Canalona. Allí se exhumaron los restos de una persona inocente asesinada en la Nochebuena de 1937. Casi 80 años han tenido que pasar para que un grupo de voluntarios, con escasos apoyos públicos más allá del ofrecido por el Ayuntamiento de Pravia, pudieran cumplir el sueño de la familia, un sueño que se limitaba únicamente a llevar estos restos a un lugar digno sacándolos de la cuneta en la que se encontraban.
Miles de historias como ésta siguen llenando de tristeza los sentimientos de familiares de represaliados, algunos de estos familiares quizá ya no recuerden, otros muchos prefieren no recordar, pero aquellos que desean con firmeza que la llama de nuestra memoria siga viva, deben encontrar el respeto y la admiración de la sociedad que les rodea.

 

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