Publicado el: 14 Dic 2017

Buddy Holly y el extraño de Loro

Por Fredo ELDORADO

Dónde está el americano ese que hace tantas preguntas? — dijo el extraño.
—En las escuelas. Me preguntó dónde quedaban y lo mandé para allí a ver si me deja hacer el pote — respondió Angélica sin dejar de remover las berzas.
— Muy alejada del pueblo está la escuela… — comentó Buddy Holly al extraño que venía a su encuentro.
— Está donde tiene que estar — contestó haciendo gala de las pocas explicaciones que se suelen dar en los pueblos a los comentarios impertinentes.
Más tarde, una vez hechas las presentaciones, le explicó que ese era el punto intermedio entre los pueblos más alejados de la parroquia.
— ¿Y qué hacen aquí si la capital parroquial es Folgueras?
— Ay amigo, los Gacheses eran muy listos. Es una historia muy larga. Vamos hasta la capilla, anda.
Subieron hasta La Carril y el extraño lo situó en el pequeño cabildo de entrada.
— Aquí se puso escuela desde 1851 hasta 1881— le dijo— Bueno, aquí exactamente no. Ésta iglesia está edificada sobre otra más antigua. Pero para que te hagas a la idea.
— ¿Vamos o qué, neno?
— Voy, voy…— suspiró el rizoso que aún no estaba recompuesto de la jornada maratoniana de Cordovero.
Bajaron hasta el barrio de Ciriceo. Allí, el extraño, le señaló una pequeña casa en ruinas.
— La casa del relojero — le dijo, señalándola.
— Ah, ya…¿y?
Le explicó que el del apodo se llamaba Manuel Menéndez Artedo y que donó a la iglesia de Folgueras la Virgen del Rosario, y que la mandó desde Madrid hasta Cordovero, y que la llevaron en procesión allá por el 1800.
— Donación, pero con condiciones — le puntualizó.
— ¿Qué condiciones?
— Eso otro día. Venga, andando.
Cruzaron la recta como reguiletes y pasaron por La Peral.
— Aquí se puso escuela antes que en la iglesia.
— Ya… — se oyó veinte pasos más atrás.
Y sin parar bajaron hasta El Castiello.
— ¿Ves ese monte de ahí? — Le señaló un cerro.
Asintió el americano sin resuello para articular un miserable sí.
— Las Cogollas se llama. Ahí había un castillo que ya no está, hecho de piedras que ya no están. ¿Sabes dónde están parte de esas piedras?
— Ni idea, pero sospecho que me lo va a decir – se resignó el texano.
— Forman parte de la iglesia de Folgueras.
— Oiga, vamos a ver — dijo el rizoso parando en seco en mitad del camino— ¿Cómo es posible que después de todo ésto la capital de la parroquia sea Folgueras?
— En eso estamos, mozo. En eso estamos.
Venga, que todavía queda mucho más que ver.
P. D. Mauregato tiene la completa certeza de que el extraño era Don Ramón Selgas. Silo es un mar de dudas al respecto.

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