Publicado el: 30 Abr 2018

Teatro en los pueblos

Por José de ARANGO

[Por las riberas del Aranguín]

El otro día recibí una atenta invitación de la Asociación de Vecinos de Loro de Pravia para asistir a una representación teatral que dicha entidad asociativa programó para la noche de un viernes en su centro social, primorosamente restaurado y muy bien decorado con una docena de obras pictóricas que les envió la concejala de Cultura del Ayuntamiento praviano, Mari Valle Iturrate a la que algún día tendré que preguntarle cómo se las arregla para realizar tanta actividad ya en la villa como en los pueblos del concejo con un más que modesto presupuesto municipal.
No se llenó la segunda planta del centro social de Loro y los vecinos que acudieron eran casi todos jubilados. Me explicó el presidente de la Parroquia Rural, César García Pire, que había baile en La Arquera y que por tanto faltaban algunos abuelos a los que le gusta el teatro pero que tenían que quedarse en casa cuidando a los nietos ya que la juventud se marchaba a bailar. O sea, hijos criados, trabajos doblados, que se suele decir por la aldea. Y lo siento por los abuelos ausentes porque el grupo de “Teatro sin Más”, de Trubia, lo bordó y nos ofreció tres sainetes de media hora de duración cada uno que nos hizo, como decía después una vecina, “yo empiqué las patas de la risa que pasé”.
Cuando terminó la representación la Asociación de Vecinos de Loro ofreció a los actores y a todos cuantos asistimos a la velada una muy suculenta merienda con tortillas aún calientes elaboradas por Sonia la de La Peñuca y otras exquisiteces de “corripu” con pasteles subidos de Pravia como postre. Es decir, teatro y merienda en una sola sesión lo cual no deja de ser una novedad pero también un esfuerzo económico para los organizadores. Fue también muy interesante la tertulia que se formó entre actores y vecinos ya que los primeros se encontraron muy a gusto pese a que la noche era fría y lluviosa y tenían que viajar de regreso a Trubia con todos los bártulos de escena en sus vehículos. Hacer reír al personal es muy difícil porque los tiempos no están como para tirar cohetes. Llevar la risa y el buen humor a los pueblos debería de estar subvencionado porque dar un poco de aliciente a la vida rural es posible que hasta lo recomienden los médicos. Con una pensión de la Agraria que supera con muy poco los seiscientos euros y la última subida de enero de un euro y medio resulta ciertamente difícil el tener la risa a flor de piel. Una terapia rural a base de teatro de humor debería de figurar como asignatura obligatoria en esos presupuestos generales del Estado que se están debatiendo en Madrid. Pero Madrid sigue estando muy lejos y parece que allí no están enterados de los problemas que tenemos para fijar población en el área rural. Menos mal que aún hay asociaciones vecinales como la de Loro y grupos de teatro como el de Trubia que se esfuerzan para que medio centenar de hombres y mujeres veteranos del campo rían a mandíbula batiente durante hora y media. Certifico y rubrico que en Loro les he visto muy felices. Que no es poco.

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