Publicado el: 20 Jul 2018

El hombre más rico del mundo

Por Manolo JIMÉNEZ

Asturias tiene ya el dudoso honor de ser la comunidad que más autónomos ha perdido. En total, Asturias perdió 7.000 autónomos desde 2008 a 2014. En los últimos ejercicios las bajas de afiliación de autónomos superan a las altas. No es de extrañar, la lista de abonos con cargo a su cuenta corriente es interminable: 250 euros mensuales de la cuota de autónomos, el IRPF, un servicio de prevención de riesgos laborales que ronda los 300 euros anuales; la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD) que cuesta 250 euros cada dos años y 50 anuales para la revisión, los gastos básicos de actividad, el pago a la Fundación Laboral de la Construcción (FLC) en el caso de los profesionales de ese ramo; los seguros: el de responsabilidad civil (a partir de 300 euros anuales), seguros de convenio para los trabajadores (50 euros anuales), seguros obligatorios de actividad (la media ronda los 900 euros anuales), seguro del local, seguros privados de incapacidad laboral… lo que convierte a esta empresa en una odisea a la hora de llegar a fin de mes con balance positivo.

La culpa es nuestra
Buena parte de culpa de lo que está pasando la tenemos el común de los mortales. Permítanme el ejemplo. Me cuenta un amigo pescadero que cada dos por tres se encuentra con técnicos de una empresa, autorizada por la Administración, en las instalaciones de su negocio para, siguiendo la normativa actual, calibrar las balanzas de su pescadería, a 120 euros el corte de pelo, por un trabajo que les supone no más de quince minutos, según relata. En esta línea se queja una conocida confitería de la comarca a quien parece haber cogido cariño el correspondiente inspector sanitario que no pasa nunca de largo y se detiene no precisamente para comprar carajitos…

Los paganini de esta situación son los comercios de proximidad, sin que nadie se percate de que dan vida al pueblo de nuestros territorios y suponen un elemento dinamizador en todos los sentidos, también en el social, dado que participan del movimiento asociativo y en ocasiones hasta aportan parte de sus ganancias para patrocinar cualesquiera que sean los eventos a desarrollar en su territorio. Es curioso que esta proximidad, esta atención cercana esté a punto de ser engullida por un gran pez con afán universal cuando de devorar pequeñas especies de comerciantes se trata. Me refiero al hombre más rico del mundo a quien Internet ha catapultado al número 1 de la lista Forbes o dicho de otra manera, el fenómeno de la globalización materializado en miles de millones a través del cable. El fundador de Amazon, Jeff Bezos, es el hombre más rico del planeta, según este ranking. En concreto, su fortuna asciende a 112 mil millones de dólares, la primera vez que alguien registra una cantidad de doce cifras. Es el efecto exitoso de la compra universal lowcost sin salir de casa. Aquello que nos vendieron como una mejora de nuestra calidad de vida se ha convertido en una amenaza hasta el punto de que uno de los países más ortodoxos en cuanto a la libertad de maniobra de las empresas se refiere, EE.UU, ha anunciado medidas para compensar el cierre minorista como consecuencia de las e-commerce. Algo parecido a lo que sucederá en España con la Tasa Google que pretende fiscalizar las operaciones de las empresas on-line, entre ellas, por supuesto, las de Amazon.

El caso es que entre tanto seguimos a lo nuestro. Convertimos el shopping en un modelo de ocio, entendiendo el esparcimiento de nuestros hijos en una gran superficie el fin de semana en vez de en el campo, desertizando así nuestras villas (Pravia o Grado se quedan sin vida algunos fines de semana). Paseamos por los angostos pasillos de Intu Asturias repletos de gente que va cargada con bolsas y más bolsas en cada mano las cuales contienen un único objeto (un gayumbo, una brocha, un lápiz, un kilo de acelgas…) para emular a Julia Roberts y Richard Gere (PrettyWoman) en aquella escena rodada en BerverlyHills (Los Ángeles); y compramos marcas blancas en los supermercados en vez de adquirir firmas que dan puestos de trabajo en Asturias a miles de empleados (Danone, Toscaf, Cafento, El Globo, Central Lechera, Fuensanta, Nestlé…) mientras el pequeño negocio se va al traste.
Nos quejamos de la destrucción de empleo pero a título particular parece que no hacemos nada para remediarlo. Ello me recuerda la actitud de un amigo jubilado del Pozu Sotón (El Entrego) quien en pleno apogeo de la lucha obrera nos exhortaba a solidarizarnos con los trabajadores del sector para evitar el cierre de la minería. “¡Hay que ser solidarios!” “¡Vamos a las barricadas, a la huelga!”, nos decía entre culete y culete y así hasta una caja entera de sidra. Hasta que un día entró por la puerta de aquel chigre, se detuvo y lavándose las manos como Poncio Pilatos nos espetó: “bueno yo ya cumplí. Ya acabé en el pozu, ahora el que venga detrás que mueva el culo…”.

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