Publicado el: 12 Sep 2018

Otra cara de agosto

Por María José BRAÑA

 

Cien ancianos abandonados anualmente en hospitales malagueños. Hay familias, incapaces de atenderles, destrozadas por tener que ingresar a sus mayores en un centro. Otras ansían librarse de ellos. Les engañan diciendo que durante vacaciones estarán en una residencia y volverán a buscarlos. Otros inventan dolencias para ingresarlos en un hospital. O los dejan solos en casa. Viejos y desvalidos, acabarán a merced de los servicios sociales. Hasta su final mantendrán la esperanza de que los verdugos regresen, y, ante compañeros de residencia, justificarán la ausencia de visitas inventando excusas que ni ellos mismos creen.

Estas canalladas se perpetran frecuentemente en agosto. Los mayores son un lastre y lo que estorba, se tira. Como abandonan al perro atado al árbol, o en la autopista, porque no hay con quien dejarle, ha crecido y cuesta alimentarle, y no sirve como juguete. Sin comparar, claro, a un anciano con un perro, pero con idéntica maldad. Agosto se convierte así en una pesadilla, cuando entiende que aquellos por quienes dieron la vida los han olvidado.

¿Qué sienten esos hijos acompañando al familiar al hospital para traicionarle? ¿Les remuerde la conciencia cuando los padres les besan y con ojos acuosos les desean buenas vacaciones? ¿Les tiembla la mano al volante al salir huyendo del centro donde los abandonan? ¿Despiertan recapacitando su vileza? ¿Pueden tumbarse al sol y disfrutar?

Esos padres son los que saltaban de la cama para calmar miedos nocturnos, curaban las heridas, hacían deberes, renunciaban a domingos para llevarles al fútbol, ampliaban horas extras para pagar clases de refuerzo y la bici en Reyes. Son los que renunciaron al modesto viaje de sus sueños para que el hijo lo hiciera y viera el mundo que ellos nunca podrían ver. Los que esperaban desvelados el regreso de las salidas nocturnas, y hasta pidieron un préstamo para afrontar estudios. Padres a los que tanto besaron y abrazaron de niños. ¿Dónde quedó el afecto? ¿Cuándo murió el niño y nació la bestia? Probablemente, cuando los monstruos sean ancianos, sus hijos harán lo mismo que les vieron hacer.

Vistos los ejemplos, muchos progenitores toman medidas para no ser abusados en su senectud, redactando testamentos con que l@s posibles desalmados recibirán sorpresas de no comportarse adecuadamente. ¿Qué cabe esperar si nunca tienen hueco más que para una breve llamada o una visita cada tres meses? Los padres, que aunque disimulen no son tontos, deducen lo que puede ocurrir y se protegen. Algunos hasta lo verbalizan: poco me quieren, pero tampoco se reirán de mí.

Comentarios:
  1. No es correcto dice:

    Perdón, pero aunque el titular es cierto, y apareció publicado en el diario la opinión de malaga en el mes de abril (https://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2018/04/14/100-ancianos-son-abandonados-hospitales/999760.html) los “abandonados” no lo son porque los hijos los dejen allí y salgan corriendo.
    En el artículo se explica que “El perfil de las personas que llegan a los hospitales sin apoyo familiar es variado: Personas que viven solas y no tienen familia, extranjeros que se han venido a pasar sus últimos años a la Costa del Sol y su pareja ha fallecido o aquellos que se desentendieron hace décadas de su familia y llegan a los hospitales por problemas de salud, son los perfiles más habituales.”
    Infórmese antes de mezclar perros, ancianos y vacaciones de verano. Porque desinforma y hace demagogia en lugar de informar.

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