Publicado el: 17 Oct 2018

¿Todavía estamos así?

Por María José ÁLVAREZ BRAÑA

En un vuelo desde Ámsterdam, hace más de veinte años, me tocó sentarme junto a un hombre joven que lloraba desconsoladamente. Al preguntarle si podía ayudarle me respondió desolado que acababa de despedirse, para siempre, del amor de su vida. Terminaban la relación por presiones familiares. Como eres joven igual me puedes entender, dijo. Me contó que era gay, que desde niño sufrió las burlas de compañeros, risitas de vecinos, insultos de familiares y constantes palizas de su padre. Hasta le llevaron al médico para intentar “curarle”. Treinta y cinco años de total sufrimiento. Me contó muchas cosas muy tristes y aterrizamos en Madrid llorando juntos. No le he olvidado, y le recuerdo cada vez que alguien insulta o desprecia a quien es homosexual. Historia similar es la de una mujer que, sólo tras varios años trabajando juntas, se atrevió a confesarme su orientación sexual por miedo a ser despedida, como ya le había ocurrido en dos ocasiones. Vidas llenas de dolor y fingimiento inventando novias o novios, escondiéndose, sin poder mostrarse como eran. Ellos, y todos los que he conocido posteriormente eran gente íntegra y estupenda que podrían dar lecciones de ejemplaridad a machotes o señoras muy femeninas. Y todos, en mayor o menor medida, sufrieron humillaciones y desprecios.
Andando el tiempo las cosas cambiaron muchísimo. Quedan pocos retrógrados capaces de censurar a alguien por sus tendencias sexuales. Pero esta semana una persona pública relevante se descuelga llamando maricón a un señor de gran valía. Y se me revuelven las tripas recordando a mi compañero de aquel vuelo, a la que fuera mi secretaria, y a algunas parejas de amigos que, aún hoy, siguen mediatizados por el entorno social, evitando mencionar a sus hijos gays, incapaces de hablar abiertamente de ellos, y deseando que residan lejos para no escuchar críticas malintencionadas. ¿Así estamos después de tantos años de lucha y reivindicaciones mientras alardeamos de igualdad, respeto y libertad?
Oscar Wilde, Da Vinci, García Lorca o Newton, eran gays. Extraordinarios, únicos. Cómo miles de magníficos biólogos, juristas, arquitectos, ingenieros o médicos. Por tanto, dejemos en paz a la gente, abstengámonos de calificarles según su tendencia sexual, y valorémosles por su dignidad, honestidad y buen hacer profesional. ¡Ya está bien de barbaridades!

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