Publicado el: 23 Ene 2020

Localismos y patetismos

Por Esther MARTÍNEZ

Jaime Izquierdo, una autoridad en desarrollo rural y actual Comisionado para el Reto Demográfico en Asturias, presentó hace poco “La ciudad agropolitana. La aldea cosmopolita”, un brillante ensayo sobre cómo deben reinventarse las relaciones campo-ciudad. Me parece llamativo el término “aldea cosmopolita”.
En tiempos de globalización y de demanda de conectividad e infraestructuras físicas y tecnológicas, hay que huir de microlocalismos mezquinos y pensar en grande. Hace medio siglo había asesinatos por un centímetro de tierra, cuando ésta servía para producir alimento y era la única propiedad que los campesinos habían logrado en siglos. Lo que resulta difícil de entender en este siglo XXI es la enconada lucha vecinal, a veces solo por una piedra, una cuneta o la inclinación de un árbol.
Esas disputas por si un camino es del pueblo o del municipio es un lastre para el futuro rural. Lo de Oviedo y Gijón queda relegado a los tiempos felices del fútbol regional, pero lo de los pueblos dentro del mismo concejo, por “cuál es lo tuyo y cuál es lo mío”, puede convertirse en una rémora. Esa costumbre de mirar con lupa las líneas de los mapas nace del minifundismo exagerado o de viejas costumbres tribales y en ocasiones los gobernantes marcan a fuego esas fronteras, sin reparar en que los territorios limítrofes pueden ser aliados y no contrarios. Urge anchura de miras; es tiempo de alianzas en lugar de contenciosos, para que el cosmopaletismo no se instale en el lugar del cosmopolitismo. El aislamiento debido a la orografía ha potenciado este individualismo, tan de levantar muros, alambradas y cercados. Es imprescindible cambiar el ‘qué hay de lo mío’ por el ‘qué hay de lo nuestro’, y que lo nuestro no sean 50 km2, que las gafas de lejos dejen ver además del río que separa el proyecto de puente. Es responsabilidad de los políticos y de la sociedad civil, no solo “que lo haga el otro”. La función de la aldea pensada por Jaime Izquierdo tiene que tener dignidad y comunidad, que no es sólo la de vecinos del mismo barrio, hasta podemos incorporar en ella a los de más allá del río Grande.

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