Publicado el: 31 Mar 2020

Ana Pire, de Trubia al estuario

Reinerio ÁLVAREZ SAAVEDRA

Pasado un año, mi deuda exigía finalizar la edición presente que no pude hacer en aquel momento, debido a causas inopinadas. Esa divulgada y visitada ría del Nalón queda definida, efectivamente, como un estuario abarcando kilómetros aguas arriba. Próxima allí vivió feliz Ana Pire, conocida así porque matrimonió con visible miembro de familia popular praviana. Nunca estuvo sola, esta mujer existía relacionada entrañablemente con villa, concejo y paisaje mareal, hasta el punto de cuajar arquetipo praviano que compartía con sus dos hijas y marido, a más amigos, conocidos o convecinos: siendo éstos muchos. En términos vitales, su existencia circuló por esas vías marcadas desde la Trubia natal, rumbo a marina y terruño del bajo Nalón. Moralmente se enriqueció intracomarca ríbereña, experimentando la cultura contemporánea a partir del arraigo, nutriéndose y disfrutando de él. De Trubia a Pravia, de cañones a cuervos: esferas de la señora naloniana.
Por medio estas figuraciones ideales y también en demás diversos paradigmas, encontró espejos de ideas. Yo conferencié mucho con esa cepa trubieca, contándonos tantos pensamientos de Trubia y Pravia que difundimos colectivamente y persisten aún hoy. Seguimos su impronta optimista, muy previsible, empezando la centrada alrededor aquellos suyos. Aparte desarrollos políticos, prácticos o teóricos, pensó al modo de brega coral, es decir cooperando. Derivada consecuente: verdadera influencia social, puesto que los compromisos cumplidos extienden carácter e influencia. Lo contrario parvedad. Signo de los tiempos permanecidos, correspondió su existencia pública a talantes que mantienen los comprometidos, consistentes en acometer actitudes positivas hacia los cambios; a lo menos, reflexión respecto esas idoneidades. Talmente a tenor de Heráclito, que creía realidad general la transformación tipo continua de las cosas; concretada en el principio eterno representado por el fuego, metáfora referida al propio cambio del ser humano y orbe. Verbigracia, cierto día los conciudadanos de Éfeso, su ciudad, le vieron jugando alegremente cerca los niños junto al templo de Diana. Teniendo halo de pesimista fue inconsecuentemente recriminado; contestando: “Más me gusta hacer esto que ocuparme en asuntos de gobierno con los regidores de la ciudad, porque entonces me entra congoja y siento deseos de llorar amargamente por el destino efímero y vulgar que tiene todas las cosas”.
Aunque no siempre ocurrió en ese sentido. Ana ansió imaginaciones solidarias, independientemente ideologías ni prójimos. Analógicamente, belleza civil intrínseca al Parnaso de los poetas que tratan alrededor lo cotidiano, esgrimiendo prosa poética perita. El linaje compartió cultura a vistas del Nalón con Narcea: mesta que resultó paisaje bienquisto familiar. Consolidó arraigos privados, siguiendo la flecha que señala orientación las primeras raíces y vivencia cañonera, río arriba. Edificó una vida de la fama evidenciada hoy, compendiándola a ojo honra, palma y servicios desinteresados; tanto en su profesión jurídica así que dentro el ejercicio público. Expreso lance ya relatado, pero inédito ayer, acaeció circulando los primeros días de acercamiento a la política; trascendió en episodio chocante: definitorio en torno a quien estamos refiriendo. Cuando Mariano Rajoy visitó Pravia, siendo entonces Ministro de Educación y Cultura, ella resultó llamada totalmente por sorpresa (cuestión, literalmente, de minutos). para hacer de anfitriona. Ergo un compromiso inesperado, porque cruzando aquel momento había un armazón partidario ténteme no me toques precisando de alguien que representara protocolariamente a la dirección popular local. Lo hizo sublimando correctamente, preguntando antes: ¿Tengo tiempo para ir a la peluquería? Negativo. Sin ambages ni rodeos, mujer elegante e inteligente e igualmente valiente. Donde resultan las aguas salobres queda formando paraje costanero y supramunicipal, es el lugar en el que disfrutó, residió o trabajó; pues era hoguera de fatigas, solario y además terraza de solaz colectivo, a lo que colaboró haciendo comunidad moderna. Faceta tan cultivada que hace suma, huelga decirlo, para el resultado de buena reputación. Ahora ojo, dijo Charles J. Ligne, séptimo príncipe de la casa Ligne y escritor, mariscal o diplomático; para ponernos al loro: “¿De quién dependen las reputaciones? Casi siempre de los no tienen en ninguna”.

No será el caso ante semejante patrimonio vital cotidiano: constante, continuado, infatigable, recto. Ana Rosa Álvarez, ya dijimos, tuvo otros afanes y gratos solaces familiares, siempre nos quedará memoria alegórica suya pensando en Trubia, Pravia, Nalón o Aguilar: contracostas simbólicas, sea para arribadas, quizá desatraques. Según las miremos a reojo la transcendencia, bien contemplándolas agnósticamente; sin embargo, substantivas en los anales. Sobreviviendo adentro misceláneos ambientes. Como sucedió desde el nacimiento en Trubia.

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