Publicado el: 25 Jun 2017

La colonia artística de Muros de Nalón

Serafín Baldeón, pintor

En la última década del siglo XIX,  la  pequeña localidad ribereña de Muros de Nalón, en  Asturias, acogió una actividad artística poco común y habitualmente  relacionada con  lejanas poblaciones de sonoros nombres franceses . Durante algunos veranos de ese fin de siglo, un nutrido grupo de pintores y pintoras venidas de todo los lugares de España, contraviniendo los cánones de la época que les exigían trabajo academicista y en Estudio, se esparcían por todos los rincones del  municipio, generando una imagen asombrosa e irrepetible, : Grupos de gentes ataviadas de forma estrafalaria, con instrumentos extraños y tratando de plasmar el paisaje en un lienzo… no es difícil imaginar el asombro y la suspicacia que causaron.

Este fenómeno, de agrupamiento de pintores, casi inexistente en España y conocido en el tiempo como  Colonia Artística de Muros de Nalón,  fue impulsado principalmente, por Casto Plasencia (Importante pintor  castellano, de reconocida fama y mucha  obra encargada por los círculos de poder capitalinos) y por Tomás García Sampedro ( De Muros vecino, amigo y discípulo de este. Propagandista del plenairismo y poseedor de importantes premios) que sedujeron a sus compañeros de la Academia de S. Fernando y de estancias romanas, con la tentación de pasar temporadas en comuna, pintando al aire libre y recuperando la “esencia” del pintar,  que se había quedado escondida en los cajones del academicismo.

La Colonia, existió varias temporadas, pero, en el momento de su máximo esplendor, desapareció casi por completo debido a la inesperada muerte de su gran muñidor C. Plasencia . A pesar de ello, su eco, junto con  el afable,  hospitalario y emprendedor carácter de García Sampedro generó aún una segunda oleada, que, aunque carecía ya de aquel  impulso entusiasta para dotar de forma orgánica al grupo, albergó entre sus miembros a pintores de gran talla, como Joaquín Sorolla, que llegó de la mano de Agustín Lhardy (Si,  el famoso gastrónomo que también fue relevante pintor), y que pasó varios veranos en la comarca.

De estos veranos asturianos de Sorolla, se conservan, aunque no se exhiben habitualmente, decenas de pequeños formatos en los que el artista levantino, intentó capturar con soltura e inmediatez el cambiante escenario que resulta ser el paisaje asturiano.  Para ello, el valenciano, se desplazaba por el estuario del Nalón buscando el punto de vista ideal, a veces en carreta, otras a pie y de tarde en tarde, en una barca al más puro estilo de los impresionistas en Giverny. Yo, que he nacido ahí, en Muros, me sumerjo de tanto en cuanto en las historias de la Colonia e intento  buscar esos puntos de vista que resultaron interesantes a aquellos ilustres pintores. Este buscar, a veces tiene éxito; entonces resulta muy gratificante y emocionante, pararse ante el sitio exacto donde por ejemplo, cien años atrás, J. Sorolla se sentó una mañana a pintar.

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