Publicado el: 11 Abr 2018

Los saneamientos no lucen

Por José de ARANGO

[Por las riberas del Aranguín]

Cuando un organismo oficial, llámese Principado o el ayuntamiento de turno, hace una obra para mejorar una vía pública, hay un efecto favorable de cara al ciudadano, que tiene incluso efectos electorales, porque el trabajo realizado está ahí, a la vista, y hasta es publicado en los medios con los consiguientes efectos. Pero hay una infraestructura que no cuenta con esa imagen de admiración de los vecinos afectados porque se hace bajo tierra, como es cualquier obra de saneamiento. Lo más que puede emerger de ras de suelo es la caseta que libra del mal tiempo a la maquinaria que depura las aguas sucias.
En las riberas del Aranguín no hay saneamiento ni en sus núcleos principales ni en los pueblos pequeños. Por la parroquia de Arango algo se hizo en el pasado pero no hace mucho me asomé al río a la altura de la bolera de Puentevega y quedé horrorizado al ver cómo las aguas fecales iban directamente al cauce. Desconozco si eso continúa así en la actualidad porque con las lluvias el río hace un par de meses que lo lleva todo por delante sin que se pueda observar lo que ocurre en los desagües de los pueblos. Por los pueblos del Alto Aranguín el único saneamiento conocido, tan viejo como el cólera, es el pozo negro o la fosa séptica que queda dicho más fino en contraste con los contenidos. Pero en líneas generales el “saneamiento” rural es una presa que recibe las aguas fecales, se mezclan con las que bajan por el canalón de casa y junto con las de la antojana van parar a la huerta. En verano, un foco de infección. Y es que la lluvia es la única que se encarga de aliviar la situación. Los políticos, que deciden el destino de los presupuestos regionales y municipales, se preocupan más de las obras vistosas que de las que van bajo tierra. Cada cuatro años hay elecciones y hay que hilar fino para salir en la foto cuantas más veces mejor. Y así va quedando para otro día –para otra legislatura- eso del saneamiento de los pueblos que como ya están medio vacíos pues con la presa de la huerta tienen más que suficiente, porque mire usted, en las zonas rurales no hacen más que pedir al Ayuntamiento y se olvidaron de las históricas estaferias, aun cuando es cierto que no quedan más que jubilados y esos bastante tienen con preocuparse de administrar la subida de las pensiones de hasta dos euros por barba que hay que saber álgebra para manejar tan fantástico capital. El problema auténtico llegará si de verdad entra en vigor la ley comunitaria que prohíbe cuchar y regar con purines porque entonces también habrá que clausurar la presa esa que hay en cada casa desde las tuberías del cuarto de baño hasta la huerta. Porque, claro, todo también es cucho.

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