Publicado el: 12 Oct 2018

El vermut de La Praviana

El bar, fundado en 1934, es hoy punto de encuentro en la villa para el aperitivo

La terraza de La Praviana, a tope en las fiestas/ Foto Lucía Martínez

Por Lucía Martínez/ Pravia al Dedillo

[Negocios con solera]

Año 1934. Lejos quedan los tiempos de frascas de vino y botijos de agua mientras se trabajan los campos. Ahora la vida está cambiando a velocidad de vértigo a pesar de los ruidos de tormenta social que llegan desde el centro de Asturias y parecen recorrer toda España. Por aquel entonces un nuevo bar abre sus puertas en Pravia, lo ponen en marcha Cándido y Soledad en plena calle San Antonio y lo llaman El Terrao. El matrimonio ofrece una bebida que “resucita a un muerto”.
El bar tenía ese aroma familiar que lo hace amigable y atractivo y en el que servían el más mágico elixir que jamás se haya deslizado por la garganta: el vermouth.
Con el tiempo, el Terrao pasó a ser “La Praviana” de la mano de Manolo y su familia. Manolo es inolvidable por cuatro cosas: su eterna chaqueta blanca, su puro entre los dientes, sus increíbles sándwiches y, sobre todo, por mejorar como un buen alquimista la receta del vermouth de La Praviana. “Y ahora mi vermú tiene solera”, como dicen los entendidos.

Marcelo con Sabina y su hija María Luisa

Recoleto espacio
Han pasado muchos años y el bar sigue siendo ese recoleto espacio en la calle principal de Pravia. Pero cuando llega el buen tiempo las mesas y sillas de las terrazas desbordan las aceras y en época de fiestas sus fronteras llegan hasta la propia calle.
Pero los tiempos cambian a velocidad de vértigo. Se ha visto llegar la televisión en color a La Praviana, se han visto cambios que jamás el hombre pudo imaginar.

Desde Peñaullán
Manolo se ha fue y llegó Miguel (Q.P.D) y Tere, desde Peñaullán hasta La Praviana. Así de largos deben ser los buenos viajes.
El bar ha cambiado de aspecto, pero no de costumbres y ahí sigue el vermú acompañando día tras día. Pero este relato va muy rápido. La Praviana ha visto pasar por su mostrador a Marisol y Dani, a Carlos y Lola: Ahora casi nada me sorprende; veo a la gente usar el teléfono sin moverse de la silla, además para todo, ya no solo para dar recados urgentes o llamar a la familia.

Vermut mágico
Sigo pensado que el vermú de La Praviana tiene algo mágico que me hace seguir acudiendo puntual a mi cita con él después de muchos años. Y creo que algo de razón tengo. Y es que escribo estas líneas saboreando este elixir que ahora sirve Eugenia y al igual que me ha pasado durante tantos años de mi vida nadie me ve y nadie me habla.
Pero no me siento sola, me siento parte de la historia de Pravia pues con mi copa de vermú de La Praviana he visto el transcurrir de esa maravillosa historia junto a todos vosotros. Y así ha de seguir siendo.

 

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