Publicado el: 14 Jun 2019

Elecciones

Por María José ÁLVAREZ BRAÑA

Tras casi dos meses de constante bombardeo propagandístico, promesas y descalificaciones, terminaron las elecciones. La insensatez comenzó en la parte económica pues el asunto ha salido por 350 millones, y aunque se hubiera ahorrado un dineral celebrando todas a la vez y no en dos fases, ¿para qué escatimar 30-50 milloncitos que nos sobran? En campaña oímos promesas de toda índole, pero ninguna para adelgazar el número de políticos que mantenemos a cuerpo de rey, tanto en activo como jubilados. Tan europeos que somos, podíamos equipararnos a Alemania donde hay uno por cada por cada mil habitantes, mientras aquí contabilizamos ¡uno por cada cien tontos! Tenemos 445.000 “joyitas” y en Alemania 100.000. ¡Somos campeones de Europa en apesebrados viviendo del cuento! Tampoco escuché ideas prohibiendo que nuestros genios no puedan optar a ser consejeros de grandes compañías (Telefónica, Endesa, Gas natural…) dónde enrocarse con sueldazos millonarios, mientras nos suben salvajemente los consumos de servicios. ¿Por eso ninguno prometió parar la sangría de la luz? Estamos los quintos de la UE en el precio más elevado, muy por delante de Reino Unido o Francia. Ni palabra de reducir el número de asesores y personal de confianza (parecen tontos necesitando tanto asesoramiento, aunque es normal dado el nivel académico de muchos ) incrementado un 10% en los últimos meses, y que cuesta sobre 50 millones, la mitad del gasto destinado a protección familiar y pobreza infantil. Y ninguna mención a rebajar dietas o billetes de primera clase para los parlamentarios europeos que tienen el gran chollazo en Bruselas donde nadie sabemos muy bien qué hacen.
Estoy convencida de que ni una cuarta parte de nuestros políticos sienten la mínima vocación de servicio público, siendo su única intención pillar la gran lotería porque muchos, sin oficio ni beneficio, encuentran así el modo de ganarse ampliamente la manduca (buena parte de ellos no podría optar en una empresa más que a un puesto de bajísimo nivel) y favorecer a parientes y amigos. Si muchas de las actitudes de los políticos españoles, aprovechándose de lo público con tal descaro y sinvergonzonería, se dieran en países como Suecia o Noruega, implicaría un escándalo de enormes magnitudes, donde ellos serían considerados delincuentes de la peor ralea y los administrados unos borricos silenciosos completamente imbéciles. Igual es que lo somos.

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