Publicado el: 07 Abr 2020

La historia inacabada de la infancia recluida

Emilia BARRIO

Pedagoga

Estamos inmersos en una película de ciencia ficción que se podría titular “Un mundo nuevo” y cuyo argumento podría situarse en los “locos años 20”, así a “groso modo”: Un planeta a punto de destruirse por la explotación a la que se ve sometido por el ser humano que lo habita, se defiende mediante un virus. El arma defensiva es global y no distingue de países, religiones o creencias, tiene una base darwiniana y sobrevive el más fuerte, no elimina niños ni adultos sanos, pero sí que pueden ser contagiadores silenciosos. Todo humano puede portar el virus, el confinamiento es la única prevención que se conoce y todos somos el enemigo en distancias cortas, en las largas resurge la solidaridad y gana puntos lo público. Los poderosos mandatarios tienen sobre la mesa el dilema de salvar vidas o economías. El final de la película está por escribir, pero de momento los personajes protagonistas se van perfilando y la escenografía se va clarificando, cada día el cielo es más azul.

Pero dejémonos de películas de ficción y aterricemos en la realidad de los hogares españoles con menores durante estos días de confinamiento. Una vez que se decretó el estado de alarma el 14 de marzo y ya no pudimos salir de nuestras casas los niños y las niñas se convirtieron en invisibles para la sociedad y en reyes de sus hogares. Fueron días de incredulidad que sólo la hiperactividad familiar podía disfrazar: limpiar, hacer gimnasia, cocinar, inventar mil actividades para los pequeños y a las 20 horas fiesta y aplausos solidarios, los privilegiados en la terraza y el resto en las ventanas. Las excepciones del “quédate en casa”, sacaban a la calle a los abuelos a comprar pan, a los perros hacer sus necesidades, algunos progenitores a trabajar…
Las asociaciones de TEA (Trastorno del espectro Autista) presionaron al gobierno y mostraron la realidad de los niños con problemas y lograron permiso para sacarlos un ratito y empezó el debate: ¿Por qué los niños y niñas no pueden salir a la calle de una forma regulada y segura? ¿Cómo afecta a su estado emocional y psicológico la reclusión? Y los niños y niñas se hicieron visibles y hasta el presidente de la nación los mencionó y un sábado desde las ventanas les dedicaron un aplauso por valientes y resilentes. Pero no hubo más premio, es más creo que fue un caramelo envenenado.
Mientras poco a poco el ritmo bajaba y surgían las nuevas rutinas a la vez que la aceptación de que esto se iba alargar, las familias y las autoridades educativas se coordinaron telemáticamente (milagros de un virus) y en los hogares fueron ganando horario las actividades escolares frente a las lúdicas. Decidieron que serian los profesores y los estudiantes on-line quien iban acabar con la pandemia superando este curso escolar y quedó inaugurada la Escuela Virtual, que es como la presencial pero con pantalla. Cada maestrillo tiene su… plataforma para enviar contenidos, los más implicados hasta llaman por teléfono a los alumnos o dan clase por skipe por que llevan grabado a fuego lo de la educación
emocional, los otros mandan e-mails y hasta las televisiones incluyen en su programación clases para los distintos cursos. Esta nueva escuela tampoco mejora en equidad porque fue diseñada para una mayoría estándar y ahora se van percatando de que no todas las familias tienen conexión a internet, ni un ordenador para cada uno, ni unos padres con formación pedagógica y que los niños y niñas con necesidades educativas especiales también necesitan adaptaciones virtuales.
Las asociaciones de TEA e Hiperactivos de Asturia s(ANHIPA), están sorprendidas de lo que cuentan las familias de las respuestas de los niños y niñas, una vez que se adaptaron a las nuevas rutinas lo llevan bien y son pocos los que quieren salir a la calle. No es de sorprender, tienen un entorno seguro, unos progenitores a tiempo completo y están liberados de la pesadilla que para muchos de ellos es el colegio y ciertos compañeros, por si esto fuera poco las pantallitas restringidas ahora son de uso casi obligatorio. Están aprendiendo mucho en casa, como todos, de esas cosas básicas para la vida que nos hacen mejores, más independientes y que no vienen en los curriculum escolares.
Las mentes infantiles tienen esa plasticidad que les permite adaptarse a situaciones cambiantes y adversas pero también tienen esa sensibilidad especial para captar estados emocionales. Debe ser difícil no poder ver a los abuelos, no jugar con los amigos o tener a tu padre o a tu madre aislado en su habitación porque tiene ese virus del que todos hablan de
continuo con tanto miedo, mientras la televisión da datos continuamente de muertes.
Esta historia continua, entramos en fase de resistencia. Ahora ya somos conscientes de nuestra debilidad, inauguremos la etapa de reflexión, toca buscar nuevas soluciones para nuevos tiempos que llegaran ese día que nuestros niños-as vuelvan a llenar los parques. Cuídense y cuiden a sus pequeños y pequeñas emocionalmente, la receta es simple: jugar y reír mucho, porque eso no es recuperable (las matemáticas sí, déjenlas a la escuela).

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