Publicado el: 18 Ago 2018

Non e vero, troppo vero ben trovato

Por Severino FIDALGO GONZÁLEZ

Esta es la frase, que posiblemente se pronunció cuando Carlos I de España y V de Alemania se inclinó para recoger del suelo el pincel con que Tiziano lo estaba pintando. La gente de aquella época se quedo atónita “non e vero”. Algo parecido ocurrió, tampoco se puede certificar como cierto, cuando Velázquez pinto a Giovanni Battista Pamphili (papa Inocencio X) quien al ver el cuadro ya terminado, con fatalidad y tristeza dijo “troppo vero”. Ambas historias se tienen por verdaderas, aunque de ninguna de las dos se tiene constancia documentada.
En aquellas épocas en que la información era escasa por no utilizar otro adjetivo a la vez que siempre partía de las mismas fuentes (aparte claro está que la mayoría de la población en la edad media no sabía leer) todo el ambiente era propicio a dar por ciertas estas cosas.
Hoy día y en determinadas ocasiones, cuando se reúnen nuestros representantes en esas cumbres o, en un plano más cercano, en los despachos de cualquier mandatario, autonómico o municipal, damos por bueno lo que se publica, cosa que en numerosas ocasiones ocurre lo mismo que en los dos casos anteriores de Tiziano y Velázquez. Incluso habiendo sido aprobados determinados textos en sede parlamentaria, llegado el momento del “ben trovato”, se tira del término posverdad (“distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actividades sociales”). En definitiva es una falsificación de la verdad, incluso de lo dicho por esa misma persona como verdadero en aquel momento, ya que eran lo más necesario para sus fines y posteriormente desmintiendo, tergiversando, manipulando con el fin de convencernos de que no dijo lo que dijo. La posverdad da lugar a que al distorsionar las palabras dejan de significar lo que deberían de significar.
Todo este preámbulo sería inocuo si quedara en “historias de la Historia”. Lo grave surge cuando las personas que manejan el termino posverdad son nuestros representantes, que desde las instituciones que les son dadas, atentan contra el significante incluso el propio significado de las palabras, dando lugar a una incomunicación; como decía Humpty Dumpty (Alicia a través del espejo): “cuando yo uso una palabra quiero decir lo que yo quiero que diga…ni más ni menos”. “La cuestión -insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen cosas diferentes”. ”La cuestión –zanjó Humpty Dumpty- es saber quién manda… Eso es todo”. Es decir, desaparecen las reglas de la comunicación, sobre todo la principal que es la verdad. Si damos por verdadera la posverdad se consigue que esta no sea reprobable. Aquí el periodismo de investigación tiene mucho que decir. Son los periodistas los que a costa de “mucho de todo”, incluida la incomprensión pueden evitar este mal que, quisiera equivocarme, ya están aceptando.
También hay que tener presente la opinión de los expertos (en técnicas de persuasión que seleccionan unos temas y excluyen otros) amparados en la autoritas que proporciona la academia, los premios Nobel o el éxito profesional, ha tenido más valor que la realidad que muchas veces es considerada la verdad objetiva, muchas veces ha sido transformada en verdad subjetiva (sic, del artículo de Joaquín Estefanía: “La mentira os hará eficaces”).
En este artículo subyace un titular de La Nueva España del 28 de junio de 2018: “El Gobierno no dará la espalda ni a Asturias ni a las Cuencas”. Quiero ser rotundo en este tema de la cuenca del Nalón: San Esteban de Pravia y San Juan de La Arena somos cuenca. Tan es así, que somos depositarios de algo que no debería haber salido de la manera que salió de los lavaderos de carbón de las cuencas mineras, como son los millones de metros cúbicos de carbón aquí sedimentados y los que quedan en el cauce, que tarde o temprano llegaran. Por tanto somos acreedores de fondos específicos (los anteriores fondos mineros desaparecieron para esta zona, hoy día sin explicación coherente, aunque sí argumentado como posverdad).
No solamente somos la gente de San Esteban y L’Arena, si no que hay una moción aprobada por mayoría absoluta en la Junta General del Principado de Asturias en tal sentido, reclamando esa inversión tan demandada como es la construcción de la pasarela, que incluso sería amortizable en base a ser una de las primeras reconversiones en negativo (los desguaces) y una reconversión no realizada ni compensada en positivo (los fondos mineros). “Asturias y las comarcas (cuencas) mineras deben sentir la solidaridad y que el gobierno (de la Nación) no les dará la espalda” (del mismo diario).
¿Cuál será la posverdad que nos contarán justificando la no llegada de esta inversión, con “todo tipo de explicaciones” ad hoc?
Troppo vero; ben trovato, ma non e vero.

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